Discursos de odio

Discursos de odio: cultura

Cuatro ejemplos:

Laureano Gómez
“El expresionismo como síntoma de pereza e inhabilidad en el arte”, Revista Colombiana, nº 85, Bogotá, 1 de enero de 1937, pp. 388-392

Adolf Hitler
Discurso de inauguración de la “Gran Exposición de Arte Alemán”, Casa del Arte Alemán, Múnich, 18 de julio de 1937

Adolf Ziegler
Palabras de inauguración de la exposición “Arte Degenerado” (Entartete Kunst), Múnich, 19 de julio de 1937

Abelardo de la Espriella
Intervención en su visita al Ministerio de Cultura, Claustro de Santa Clara, Bogotá, jueves 15 de octubre de 2026, transcripción tal como figura en el video Visita del Presidente Abelardo de la Espriella al MinCultura en YouTube


Laureano Gómez

“El expresionismo como síntoma de pereza e inhabilidad en el arte”, Revista Colombiana, nº 85, Bogotá, 1 de enero de 1937, pp. 388-392


Adolf Hitler

Inauguración de la “Gran Exposición de Arte Alemán”, Múnich, 18 de julio de 1937

Cuando hace cuatro años se colocó la piedra angular ceremonial de este edificio, todos éramos conscientes de que era imperativo colocar no solo la piedra angular de un nuevo edificio, sino también la base de un arte nuevo y genuinamente alemán. El objetivo era provocar un punto de inflexión en el desarrollo de toda la creación cultural alemana.

A muchos les resultó difícil abandonar el término “Palacio de Cristal de Múnich” y dar a este nuevo edificio un nuevo nombre. Sin embargo, en aquel momento creíamos que era correcto proclamar esta casa, cuyas salas debían experimentar la continuación de lo que fue una vez la exposición de arte alemana más famosa, no como el nuevo Palacio de Cristal, sino como la “Casa del Arte Alemán”. Pues esa era también precisamente la manera de examinar y responder a la pregunta de si existía todavía un arte alemán.

El colapso y la decadencia general de Alemania no fueron —como sabemos— solo académicos o políticos, sino, y quizá en mucha mayor medida, culturales. Además, este proceso tampoco fue atribuible únicamente al hecho de la guerra perdida. Tales catástrofes han afligido a menudo a pueblos y Estados, y esos acontecimientos no pocas veces han proporcionado un impulso para su purificación y, con ella, para su elevación interior. Pero aquella avalancha de lodo y basura que el año 1918 arrojó a la superficie de nuestras vidas no fue producida por la pérdida de la guerra, sino solo liberada por ella. Fue únicamente a través de la derrota cuando un cuerpo tan completamente podrido experimentó por primera vez toda la extensión de su descomposición interior. Tras el derrumbe de aquellas formas sociales, políticas y culturales anteriores que solo parecían estar en orden, la bajeza que subyacía bajo ellas desde hacía tanto tiempo comenzó a triunfar, y en todos los ámbitos de la vida.

[…]

A menudo se ha preguntado: ¿qué significa realmente “ser alemán”? De todas las definiciones que tantos hombres han propuesto a lo largo de los siglos pasados, una me parece la más digna; intenta menos ofrecer una explicación que establecer una ley. La ley más hermosa que podría desear imaginar para mi pueblo como su tarea vital en esta tierra ya fue declarada hace mucho tiempo por un gran alemán: “ser alemán significa ser claro”. Esto implica, por tanto, que ser alemán también significa ser lógico y, sobre todo, ser verdadero. […]

Ahora bien, este profundo anhelo interior de un arte alemán verdadero, un arte que lleve dentro de sí los rasgos de esta ley de la claridad, siempre ha vivido entre nuestro pueblo. Este anhelo llenó a nuestros grandes pintores, a nuestros escultores, a los creadores de nuestra arquitectura, a nuestros pensadores y a nuestros poetas, y más que a nadie a nuestros músicos. Cuando en aquel día fatídico, el 6 de junio de 1931, el viejo Palacio de Cristal se alzó en llamas, con él ardió también un tesoro inmortal de precisamente ese arte alemán verdadero. Se los llamó románticos, pero fueron los representantes más hermosos de esta búsqueda alemana de la naturaleza real y verdadera de nuestro pueblo y la expresión más honesta y virtuosa de estas leyes de la vida vividas interiormente.

[…]

Durante los largos años de planificación para el nuevo Reich, y por tanto para su creación y configuración intelectual, me dediqué a menudo a las tareas que el renacimiento de la nación nos impondría especialmente en el ámbito de su purificación cultural. Después de todo, Alemania debía resurgir no solo política o económicamente, sino sobre todo también culturalmente. De hecho, estaba y estoy convencido de que este último aspecto adquirirá para el futuro mucha mayor importancia que los dos primeros. Siempre he combatido y rechazado la opinión de las mentes pequeñas del período de noviembre, que simplemente desestimaban todo gran plan cultural, incluso todo gran proyecto de construcción, afirmando que un pueblo arruinado política y económicamente no debía cargarse con tales proyectos.

[…]

Entre los muchos planes que contemplé durante la guerra y en el período posterior al colapso estaba el de erigir en Múnich, la ciudad con la mayor tradición de exposiciones artísticas —y esto parecía especialmente importante dado el estado absolutamente vergonzoso del viejo edificio—, un nuevo palacio de exposiciones para el arte alemán. Hace muchos años ya pensé en el mismo lugar que ahora se ha elegido. Pero cuando el viejo Palacio de Cristal llegó de repente a un final tan terrible, a todo el dolor por la pérdida irreemplazable de los mayores objetos de la cultura alemana se unió el peligro de que los representantes de la peor perversión del arte en Alemania acabaran anticipándose a una tarea que yo ya había identificado, tantos años antes, como una de las tareas más vitales del nuevo Reich.

Pues, en 1931, la toma del poder por el nacionalsocialismo estaba todavía tan lejos en un futuro incierto que parecía no haber prácticamente ninguna perspectiva de reservar la construcción de este palacio de exposiciones para este Tercer Reich.

Y, de hecho, durante un tiempo pareció que los hombres de noviembre otorgarían a la exposición de arte de Múnich un edificio que tenía poco que ver con el arte alemán y más con las circunstancias y condiciones bolcheviques de su tiempo. Algunos de ustedes quizá recuerden todavía los planos que habían previsto entonces para la casa que ahora es el espléndidamente diseñado Jardín Botánico Antiguo. Un objeto muy difícil de definir. Un edificio que podría haber sido igualmente una fábrica de hilados sajona que el mercado municipal de una ciudad mediana, posiblemente una estación de tren, o con la misma facilidad una piscina. No necesito decirles cuánto sufrí entonces ante la idea de que a una catástrofe [el incendio de 1918] se uniera otra. Y que, por tanto, precisamente en este caso, me alegré genuinamente —incluso me sentí feliz— por la indecisión pusilánime de mis oponentes políticos de entonces. Pues en ello residía quizá la única posibilidad de poder reservar, al final, la nueva construcción de un palacio de exposiciones de arte de Múnich para el Tercer Reich como su primera gran tarea.

Todos ustedes comprenderán que estos días me llena el dolor verdaderamente penoso de que la providencia no nos permitiera vivir este día con el hombre que, inmediatamente después de la toma del poder, como uno de los más grandes arquitectos alemanes, me trazó los planos de esta estructura. Cuando me dirigí al profesor Ludwig Troost, que ya trabajaba en varios edificios del partido, con la petición de erigir un edificio para exposiciones de arte en este sitio, este hombre excepcional ya había creado, de acuerdo con la convocatoria de propuestas de entonces, una serie de bocetos grandiosamente concebidos para tal estructura en los terrenos del Antiguo Jardín Botánico. ¡También estos planos revelaban su mano maestra!

[…]

Y así lo que ha surgido aquí es una casa suficientemente digna de dar a los más altos logros del arte la oportunidad de mostrarse ante el pueblo alemán. Así, la construcción de esta casa pretendía a la vez representar un punto de inflexión y poner fin a los intentos caóticos y chapuceros de construcción que hemos dejado atrás. Un primer edificio nuevo, que ha de ocupar su honorable lugar en los logros inmortales de nuestra vida histórico-artística alemana.

Pero también comprenderán ahora que no basta con dar al arte alemán esta casa, tan respetable, clara y veraz que podamos llamarla con razón “Casa del Arte Alemán”; más bien, la propia exposición debe provocar un alejamiento de la degeneración que hemos presenciado en las artes, la escultura y la pintura.

Si ahora me atrevo a emitir un juicio aquí, a expresar mis opiniones y actuar en consecuencia, me valdré primero del derecho a hacerlo no solo por mi propia actitud hacia el arte alemán, sino sobre todo por mi propia contribución a su restauración.

Pues este Estado de hoy, por el que luché y que creé con mis camaradas de armas en una larga y ardua lucha contra un mundo de adversarios, también ha proporcionado al arte alemán las grandes precondiciones para un florecimiento nuevo y vigoroso.

No fueron los coleccionistas de arte bolcheviques ni sus seguidores literarios quienes crearon las bases de un nuevo arte ni siquiera aseguraron la continuación del arte en Alemania; no, lo hicimos nosotros, que dimos vida a este Estado y desde entonces hemos proporcionado al arte alemán los vastos fondos que necesita para su existencia y creación. Y sobre todo: lo hicimos porque hemos asignado al arte mismo grandes tareas nuevas.

[…]

El arte no es en modo alguno moda. Del mismo modo que poco cambia en la naturaleza y la sangre de nuestro pueblo, también el arte debe perder su carácter de transitoriedad; en cambio, en sus creaciones que se intensifican continuamente, debe ser una expresión visual digna del curso vital de nuestro pueblo. El cubismo, el dadaísmo, el futurismo, el impresionismo, etc., no tienen nada que ver con nuestro pueblo alemán. Pues todos estos términos no son ni antiguos ni modernos, sino simplemente el tartamudeo ampuloso de personas a las que Dios ha negado el verdadero talento artístico y les ha dado en cambio el don de la verborrea y el engaño. Por eso deseo afirmar en esta hora mi resolución inmutable de hacer por la vida artística alemana lo que he hecho en el ámbito de la confusión política: purgarla de frases vacías.

Las “obras de arte” que no pueden entenderse por sí mismas, sino que requieren un manual de instrucciones pomposo para justificar su existencia, a fin de encontrar finalmente a esa persona intimidada que aceptará pacientemente semejante necedad o impertinencia insensata, ¡esas obras de arte ya no encontrarán su camino hacia el pueblo alemán!

Todas esas consignas, como: “experiencia interior”, “convicción fuerte”, “intención enérgica”, “sentimiento prometedor”, “postura heroica”, “empatía significativa”, “orden vivido de los tiempos”, “primitivismo primordial”, etc., todas esas excusas, frases o verborrea estúpidas y mentirosas ya no servirán de excusa, y mucho menos de recomendación, para creaciones inherentemente sin valor porque son simplemente ineptas. Que alguien tenga una intención enérgica o una experiencia interior es algo que puede demostrar con su obra, y no con palabras parloteadas. A todos nos interesa mucho menos la llamada intención que la capacidad.

Así, un artista que espere ser exhibido en esta casa, o hacer cualquier aparición pública en Alemania en el futuro, debe poseer habilidad. ¡Sin duda, la intención es evidente desde el principio! Pues sería el colmo de todo si una persona molestara a sus conciudadanos con obras con las que en realidad no pretendía nada en absoluto. Pero cuando estos fanfarrones intentan ahora hacer digeribles sus obras presentándolas como la expresión de una nueva época, solo se les puede decir que el arte no crea nuevas épocas, sino que la vida general de las naciones se rehace a sí misma y por ello busca con frecuencia una nueva expresión. Sin embargo, quienes han estado hablando de un nuevo arte en Alemania durante las últimas décadas ciertamente no han comprendido los nuevos tiempos alemanes. No son los literatos quienes son los creadores de una nueva era, sino los luchadores, los verdaderamente creativos, que conducen a su pueblo y así hacen la historia. Pero esos lamentables aficionados y escribidores confundidos difícilmente se contarán entre ellos. Además, es o una impertinencia descarada o una estupidez mistificadora presentar, en nuestra época y edad, obras que podrían haber sido hechas hace diez o veinte mil años por alguien de la Edad de Piedra.

Hablan de un primitivismo del arte, y olvidan por completo que no es tarea del arte alejarse del desarrollo de un pueblo yendo hacia atrás, sino que su única tarea puede ser simbolizar la vitalidad de ese desarrollo.

La nueva época de hoy trabaja en un nuevo tipo de hombre. Se hacen inmensos esfuerzos en innumerables esferas de la vida para elevar al pueblo, para hacer más sanos y, por tanto, más fuertes y más bellos a nuestros hombres, muchachos y jóvenes, niñas y mujeres. ¡Y de esta fuerza y esta belleza emana un nuevo sentimiento de la vida, una nueva alegría de vivir!

Nunca antes la humanidad había estado más cerca de la Antigüedad en su apariencia y sensibilidad que hoy.

[…]

Este tipo de hombre, al que contemplamos el año pasado en los Juegos Olímpicos cuando se presentó ante el mundo entero en su radiante, orgulloso, físico vigor y salud, este tipo de hombre, [les digo] señores tartamudos del arte prehistórico, es el tipo de la nueva época. ¿Y qué están haciendo ustedes? ¡Lisiados deformes y cretinos, mujeres que solo pueden tener un efecto repulsivo, hombres más cercanos a los animales que a los humanos, niños que, si tuvieran que vivir así, tendrían que ser vistos como la verdadera maldición de Dios! Y esto es lo que estos crueles diletantes se atreven a presentar hoy a nuestro mundo como el arte de nuestro tiempo, es decir, como la expresión de lo que está configurando esta época e imprimiendo su sello en ella.

Que nadie diga que estos artistas ven las cosas del mismo modo. Entre las pinturas presentadas aquí, he visto muchas obras en las que uno debe de hecho suponer que el ojo muestra a algunas personas las cosas de manera muy distinta a como son, es decir, que realmente hay hombres que ven las formas de nuestro pueblo hoy solo como cretinos degenerados, que fundamentalmente perciben —o, como ellos dirían: experimentan— los prados como azules, el cielo como verde, las nubes como amarillo azufre, etc. No deseo entrar en una discusión sobre si estas personas realmente lo ven y lo perciben así. En cambio, en nombre del pueblo alemán solo quiero prohibir a estos lamentables infortunados, cuyo sentido de la vista claramente sufre, que intenten embaucar coercitivamente a sus semejantes para que acepten los resultados de sus percepciones erróneas como realidad, y mucho menos presentárselos como “arte”.

No, aquí solo hay dos posibilidades: o estos llamados “artistas” ven de hecho las cosas así y por tanto creen en lo que representan, en cuyo caso solo hay que examinar si sus defectos visuales fueron producidos de algún modo mecánico o por herencia. El primer caso sería profundamente lamentable para estos infortunados; el segundo, de importancia para el Ministerio del Interior del Reich, que entonces tendría que ocuparse de la cuestión de impedir que tales defectos visuales horribles se transmitan. O ellos mismos no creen en la realidad de tales impresiones, sino que se esfuerzan por otras razones en molestar a la nación con esta patraña, en cuyo caso tal conducta caería en el ámbito de la justicia penal.

Esta casa, en cualquier caso, no fue planificada ni construida para las obras de estos chapuceros o abusadores del arte.

Pero, sobre todo, no trabajamos en esta casa durante cuatro años y medio, exigiendo lo mejor a mil trabajadores, solo para exhibir los productos de personas que, para empeorar las cosas, fueron lo bastante perezosas como para pasar cinco horas embadurnando un lienzo con la firme esperanza de que la audacia de ensalzarlo como el brillante rayo de genio no dejaría de causar la impresión necesaria y crear la precondición para que fuera aceptado. No, el duro trabajo de los constructores de esta casa y el duro trabajo de su personal deben tener su contrapartida en el duro trabajo de quienes desean estar representados en ella. ¡Y no me interesa en lo más mínimo si estos pseudoartistas seguirán o no cacareando y reseñando así los huevos de los demás!

Pues el artista no crea para el artista, sino que, como todos los demás, ¡crea para el pueblo! Y nos aseguraremos de que sea el pueblo el que, en adelante, sea llamado de nuevo a juzgar su arte.

Pues que nadie diga que el pueblo no posee la comprensión de lo que es un enriquecimiento genuinamente valioso de su vida cultural. Mucho antes de que los críticos hicieran justicia al genio de Richard Wagner, él ya tenía al pueblo de su lado. A la inversa, sin embargo, en los últimos años el pueblo ya no tenía nada que ver con el llamado arte moderno que se le presentaba. No tenía conexión de ningún tipo con él. Las grandes masas recorrían nuestras exposiciones de arte completamente desinteresadas o se quedaban fuera desde el principio. En su sano sentir, veían todos esos garabatos por lo que son: el engendro de una arrogancia descarada y sin vergüenza o de una incompetencia verdaderamente aterradora. Millones sintieron con certeza instintiva que la verborrea artística de estas últimas décadas equivalía a los torpes esfuerzos de niños sin talento de ocho o diez años, y no puede, bajo ninguna circunstancia, ser considerada como la expresión de nuestro tiempo, y mucho menos del futuro de Alemania.

Puesto que hoy sabemos que el desarrollo de millones de años se repite en cada persona comprimido en unas pocas décadas, podemos ver en esto meramente la prueba de que una producción artística que no supera el nivel de logro de niños de ocho años no es “moderna” ni mucho menos “seminal”, sino, por el contrario, muy arcaica. Pues probablemente se remonta incluso antes del período en que los humanos de la Edad de Piedra rayaban el mundo que percibían en las paredes de las cuevas. Estos chapuceros no son, por tanto, modernos, sino gente antigua tristemente dejada atrás, para la que ya no hay lugar en estos tiempos modernos.

Por eso sé que cuando el pueblo alemán recorra ahora estas salas, también me reconocerá aquí como su portavoz y guía, pues se dará cuenta de que aquí, por primera vez en muchas décadas, honramos no el fraude artístico, sino el logro artístico honesto.

Del mismo modo que ya hoy dan su aprobación a nuestros edificios, también expresarán, respirando un suspiro interior de alivio, su alegre acuerdo con esta purificación del arte.

Y eso es lo crucial: pues un arte que no puede contar con la aprobación más alegre y sincera de las masas sanas y amplias del pueblo, sino que extrae su apoyo solo de pequeñas camarillas —algunas interesadas, otras indiferentes—, es intolerable. Intenta confundir el sentimiento sano e instintivo de un pueblo, en lugar de apoyarlo con alegría.

Por tanto, solo crea irritación y molestia, y estos miserables canallas no deberían atreverse a señalar que los grandes maestros del pasado tampoco fueron comprendidos en su tiempo. No, al contrario. Fueron como mucho caviladores, lo que significa una vez más literatos, quienes se mantuvieron fuera de su pueblo como atormentadores y torturadores de estos genios. Pero creemos, en cualquier caso, que el pueblo alemán volverá a estar frente a frente, con plena y alegre comprensión, con los verdaderamente grandes artistas alemanes que han de venir. Sobre todo, sin embargo, han de apreciar de nuevo el trabajo honesto y el esfuerzo decente, así como el empeño por responder a nuestro pueblo y a su sensibilidad y servirlo desde el fundamento más profundo del corazón alemán. Y esa es también una tarea para nuestros artistas. No pueden mantenerse alejados de su pueblo, no sea que su camino los conduzca inevitable y rápidamente a un aislamiento solitario.

Y así esta exposición de hoy es un comienzo. Pero estoy convencido de que es el comienzo necesario y prometedor para provocar también en este ámbito el cambio beneficioso que ya hemos podido lograr en tantos otros ámbitos. Pues que nadie se engañe: el nacionalsocialismo se ha dado la tarea de liberar al Reich alemán, y por tanto a nuestro pueblo y su vida, de todas aquellas influencias que son perniciosas para nuestra existencia. Y aunque esta purificación no pueda ocurrir en un solo día, toda persona o cosa que participe en esta perversión debería darse cuenta de que la hora de su eliminación llegará tarde o temprano.

Pero la apertura de esta exposición es el comienzo del fin de la payasada artística alemana y, por tanto, de la destrucción cultural de nuestro pueblo.

[…]

Solo la Casa del Arte Alemán en Múnich ha sido construida por el pueblo alemán para su arte alemán.

Es con el mayor placer que puedo observar hoy que, junto a los muchos artistas mayores decentes, que antes fueron aterrorizados y oprimidos pero que siempre permanecieron alemanes en el fondo, se anuncian nuevos maestros entre nuestros jóvenes. Un paseo por esta exposición les permitirá encontrar mucho que volverá a atraerles como bello y, sobre todo, como respetable, y que percibirán como bueno. En particular, el nivel medio de las obras gráficas presentadas fue desde el principio extraordinariamente alto y, por tanto, satisfactorio.

De lo que se exhibe, muchos de nuestros jóvenes artistas reconocerán ahora el camino que deben tomar, y quizá recibirán también nuevas ideas de la grandeza del tiempo en que todos vivimos, y sobre todo valor para un trabajo verdaderamente diligente y, por tanto, al final también logrado.

Y una vez que la sagrada escrupulosidad vuelva a recibir lo que le corresponde en este ámbito, no tengo duda de que, de la masa de estos artistas decentes, el Todopoderoso volverá a elevar a algunos a los eternos cielos estrellados de los artistas inmortales y divinamente dotados de las grandes épocas. Pues no creemos que el tiempo de la fuerza creativa de los individuos dotados haya terminado con los grandes hombres de los siglos pasados, ¡y que el futuro será en cambio el de las masas colectivas y blandengues! ¡No! Creemos que especialmente hoy, cuando los mayores logros individuales se demuestran en tantos ámbitos, el valor más alto de la personalidad volverá a hacer su aparición victoriosa también en el reino del arte.

Y así el único deseo que puedo expresar en este momento es que esta nueva casa tenga la fortuna, en los siglos venideros, de poder revelar de nuevo al pueblo alemán muchas obras de grandes artistas y, de este modo, contribuir no solo a la gloria de esta verdadera ciudad del arte, sino al honor y la posición de toda la nación alemana.

¡Declaro por la presente abierta la Gran Exposición de Arte Alemán de 1937 en Múnich!


Guía de la exposición Arte Degenerado / Una historia del arte nazi en Colombia

Adolf Ziegler

Inauguración de la exposición “Arte Degenerado”, 1937

Todos nosotros seguimos bajo la profunda impresión de las grandes celebraciones en Múnich, que estuvieron vinculadas a la inauguración de la Casa del Arte Alemán. Todo lo que los maestros de nuestros días han creado en valores y obras de las artes plásticas se ofrece ahora al pueblo en esta singular muestra, en el nuevo y magnífico templo del arte alemán. Pero antes de que nosotros, los artistas y camaradas del pueblo alemanes, abandonemos de nuevo Múnich tras estos días, tenemos aún un triste deber que cumplir, a saber, mostrar también ante los ojos del pueblo alemán que hasta no hace mucho tiempo, fuerzas influyentes tomaron parte decisiva en la creación artística, las cuales no veían en el arte una expresión vital natural y clara, sino que renunciaban conscientemente a lo sano y fomentaban todo lo enfermizo y degenerado, ensalzándolo como la más alta revelación.

De las palabras del Führer de ayer hemos extraído con entusiasmo que con este tipo de actividad artística se ha acabado definitivamente. Se ha acabado también para aquellos que en la época del sistema [Weimar] eran los héroes publicitarios de este llamado arte de la decadencia y la degeneración, que abusaron de su pluma para endosarle al pueblo alemán, por motivos comerciales, lo que sus camaradas de raza e ideología ofrecían, como la verdadera revelación, como lo más moderno.

Nos encontramos en una muestra que abarca de toda Alemania solo una fracción de lo que fue comprado por un gran número de museos con los ahorros del pueblo alemán y expuesto como arte. Ven a nuestro alrededor estos engendros de la locura, del descaro, de la incompetencia y de la degeneración. Todo lo que ofrece esta muestra nos provoca a todos conmoción y asco. Muchos directores de grandes museos no tenían ni una pizca de ese sentido de responsabilidad hacia el pueblo y el país, que debe ser el primer requisito para la organización de una exposición de arte. Su impulso de mostrar solo lo enfermizo y degenerado lo he ilustrado en esta muestra con un ejemplo. Obras del mismo artista, que rechazaron mientras era sano y creaba desde la profundidad del paisaje del que provenía, encontraron de repente un interés cuando este artista, tras su segundo derrame cerebral, solo producía garabatos enfermizos e incomprensibles. Y así también he colgado en esta muestra obras de una serie de otros artistas, que crearon en su vejez, en una época de decadencia espiritual o afectados por una enfermedad mental, y que hasta hace muy poco tiempo se exhibían en nuestros museos, mientras que las obras sanas de estos artistas se buscaban en vano. Así, la pintura se convirtió en un fin en sí mismo para los directores de museos coleccionistas y ya no servía al pueblo.

En el cumplimiento de mi encargo de reunir todos los documentos de la decadencia y la degeneración artística, he visitado casi todos los museos alemanes. Era consciente de que el número de obras adquiridas en los últimos años sería inmensamente grande. Sin embargo, me asombró desmesuradamente que hasta hace pocos días se expusieran en parte en los museos y colecciones públicas alemanas estos documentos del arte de la decadencia traídos aquí a Múnich, y que con ello los directores de estas instituciones exigieran al camarada del pueblo alemán su contemplación. No obstante, los productos mostrados aquí son solo una parte de los que aún existen en las mencionadas instituciones. No habrían bastado trenes para vaciar los museos alemanes de esta basura. Eso aún tendrá que suceder, y en muy breve plazo. Es un pecado y una vergüenza que se hayan colgado estas cosas en las instituciones y que el gremio artístico alemán, que vive de manera local y decente, apenas tenga posibilidades de exposición, o solo malas, precisamente en estos lugares.

Cómo fueron mis impresiones en detalle al encontrarme con estas obras, puedo ahorrarme decírselo. Espero que sean las mismas que ustedes tengan en la siguiente visita guiada.

A uno le tiene que invadir el horror cuando, como antiguo soldado del frente, ve cómo el soldado alemán del frente es escupido y mancillado, o cuando en otras obras la madre alemana es ridiculizada como una puta lasciva o como una mujer primitiva y con la cara con una expresión de estupidez supina por tales cerdos, o cuando en una época en la que el Zentrum [partido católico] estaba en el gobierno, las oficinas públicas podían permitirse comprar las llamadas obras de arte que ridiculizaban los símbolos cristianos de una manera irreproducible. En todo se puede decir que lo que es sagrado para un alemán decente tenía necesariamente que ser pisoteado aquí en el lodo. Aquí me falta tiempo para mostrarles a ustedes, mis camaradas del pueblo, todo lo que estos tipos, por encargo y como abrepistas del judaísmo internacional, se permitieron como crímenes en el arte alemán. Lo más bajo y vil eran conceptos elevados. La fealdad más exquisita se convirtió en el ideal de belleza. En consecuencia, también lo era la actitud de estas personas, cuando se expresaba de la siguiente manera: "No se puede destruir suficiente cultura por mor de la cultura. No se pueden destruir suficientes obras de arte por mor del arte. ¡Abajo el respeto por toda esta cultura burguesa! Derribad los viejos ídolos en nombre de la cultura proletaria venidera. Incendiando las bibliotecas. Desviad los canales que inundan los museos. Dejad que se los lleve la corriente, las gloriosas imágenes."

Lo que aquellos literatos escribieron, mis camaradas del pueblo alemán, ahora debe hacerse realidad. Vamos a tirar a la basura sus viejos ídolos, en la medida en que aún no haya sucedido. Les dejaremos claro a los señores que el tiempo también ha pasado en el campo de las artes plásticas, ese tiempo que estos representantes titularon con el lema: "Preferimos existir de manera sucia, que hundirnos de manera limpia. Ser incapaces pero decentes, se lo dejamos a los individualistas obstinados y a las solteronas. Sin miedo a la buena reputación."

Mientras que en el pasado, antes de la toma del poder, el trabajador alemán tenía que ganarse la vida con su mísero subsidio de desempleo, por otro lado, estos ilotas judíos utilizaban increíbles sumas de dinero de los impuestos para un llamado arte que no hacía otra cosa que burlarse del pueblo y despojarlo de su honor y dignidad frente a otras naciones. Los artistas están agradecidos a los camaradas del pueblo alemán porque estos, cuando los bolcheviques del arte querían presentarles su chapuza al llamado trabajador consciente de su clase, se sentían de todas las maneras profundamente alemanes. Simplemente rechazaron la estafa. Estaban y siguieron estando sanos. Solo sacudieron la cabeza con incomprensión cuando en sus viejas prensas del partido se elogiaban estos productos con eslóganes y frases hechas. Naturalmente, se desarrolló así el hecho de que estas formas de expresión que ven a su alrededor fueron presentadas como un asunto de los llamados cultos, de lo que los que piensan normalmente no entendían nada. Y lamentablemente, en la época burguesa anterior, entre una serie de camaradas del pueblo era de buen tono, si alguien tenía demasiado dinero en el bolsillo, comprar algo así para ser también moderno.

Sabemos que no son los seducidos, sino los seductores los que deben rendir cuentas. El balance, por lo tanto, no se ha hecho con la toma del poder, sino solo después de cuatro años. Tuvimos cuatro años de tiempo. La paciencia ha llegado a su fin para todos aquellos que dentro de los cuatro años no se han integrado en el trabajo de construcción nacionalsocialista en el campo de las artes plásticas; el pueblo alemán podrá juzgarlos, no necesitamos temer este juicio. Verá, como en todas las cosas de nuestra vida, también aquí, que puede confiar sin reservas en el hombre que hoy es su Führer y que sabe qué camino debe tomar el arte alemán si quiere cumplir su gran tarea de ser heraldo de la esencia y el ser alemanes. Con esto, doy paso libre al público a la exposición "Arte Degenerado". ¡Pueblo alemán, ven y juzga tú mismo!


Abelardo de la Espriella

Museo Santa Clara, 15 de octubre de 2026

Este ministerio tiene que volver a ser lo que fue y sé que en manos de ustedes lo será. Por eso quiero empezar diciéndoles esto. Debe volver al nombre que corresponde. Este ministerio. Debe volver a llamarse ministerio de cultura y patrimonio y vamos a trabajar para eso. [aplausos]

Ustedes saben por qué escogí a esta maravillosa mujer de ministros. Porque necesitamos una generala para dar la batalla a la contrrevolución cultural y ella es la persona indicada. Esta cartera tendrá una denominación clara, Ministerio de Cultura y Patrimonio. La palabra cultura, entendida en toda su amplitud, comprende manifestaciones artísticas, históricas, intelectuales, materiales e inmateriales de una nación. En el régimen anterior se fragmentó conceptualmente la cultura con el argumento que es absolutamente falso de que así se reconocía la diversidad de Colombia. La incorporación expresa de la palabra patrimonio es un golpe directo al woquismo y a la ideologización de la cultura esa que estamos aquí combatiendo. El estado tiene la responsabilidad de conservar, restaurar, proteger y transmitir la herencia cultural de la nación sin fragmentarla como se hizo en el régimen anterior. Al incluir el título de patrimonio en la en la nominación del ministerio, se deja claro que la protección es una prioridad visible del Estado, la protección de ese patrimonio que identifica el alma de la colombianidad.

La cultura, queridos amigos, no puede seguir utilizándose como instrumento de la ideología. Las instituciones culturales del Estado pertenecen a todos los ciudadanos. No pueden ser utilizadas, como ocurrió en el régimen anterior, para imponer una doctrina política o una interpretación ideológica de la historia. Ellos quieren contar la historia como les da la gana y no como la historia ocurrió. Y eso, por supuesto, lo vamos a corregir en este gobierno. Se acabó la perversidad de convertir la cultura en mecanismo de adoctrinamiento sobre todos los niños y adolescentes de Colombia. La función del Estado es la de garantizar la libertad cultural, no la de fabricar una cultura oficial que le sirva al gobierno de Turco.

Otro punto importante, la batalla cultural. Las transformaciones de Colombia no pueden limitarse a los asuntos de seguridad, economía, comercio, infraestructura y demás temas. Esas transformaciones también tienen una dimensión cultural y creo que esto es un tema transversal. Fíjense a todos los problemas del país. La extrema izquierda, siguiendo la doctrina que han de manera inveterada e histórica aplicado, lleva décadas permeando todos los ámbitos de la sociedad, particularmente los ámbitos culturales y académicos. La patria Milagro, queridos amigos, tiene el deber de enfrentar sin matices esa perversidad, exaltando los principios que valoran la sociedad colombiana. que nos enseñaron nuestros abuelos y la interpretación correcta de nuestra historia, no una interpretación acomodada y permeada por la ideología. La cultura tiene una enorme capacidad para modelar la sociedad y es por eso que el Estado tiene el deber moral, insoslayable y político de impedir que los espacios culturales sean captados por el social comunismo ateo y enemigo de los valores fundamentales sobre los cuales se erige la nación de Colombia. Desde aquí va a empezar esa contrrevolución cultural con estas generalas y con un equipo como ustedes inmejorable.

[Aplausos]

Y quiero quiero ser claro en esto. Vamos a cometer una lucha abierta, decidida y patriótica contra el wquismo, que no es más que una corriente ideológica que apunta a transformar los fundamentos morales, culturales y sociales en Occidente, pervirtiendo los valores, la tradición familiar, la identidad nacional. Por eso es tan importante que este ministerio se llame como debe ser, de cultura y patrimonio y la libertad individual para imponer en reemplazo un modelo absurdo que esta gente ha querido imponer en Colombia, un modelo de colectivos, denominaciones, siglas y grupos concentrados en la promoción del relativismo moral.

Elquismo desconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Falsifica la historia reduciéndola a una sucesión de pugnas entre opresores y oprimidos. Esta corriente liberticida impone a través de la violencia física y verbal sus postulados en la educación, el lenguaje inclusivo y como se ha dicho en la cultura. El gobierno asume una lucha abierta y frontal contra elquismo.

No hay ambigüedad en esa materia y no voy a permitir que ningún funcionario la tenga. Quien está en el gobierno del tigre debe defender los mismos principios y valores fundacionales. Si no es así, debe dar un paso al costado.

[Aplausos]

Tampoco vamos a permitir que se promueva el terrorismo. Aquí nunca más los terroristas tendrán un lugar como si de próceres de la patria se tratara. Le he dado instrucciones a la señora ministra para que toda esa oda al terrorismo en la que aparece Pizarro y demás terroristas sea desaparecido de los lugares públicos. No lo voy a aceptar. Y eso es precisamente lo que hemos venido a enfrentar. No acepto la apología al terrorismo. En este gobierno se acabó. Aquí defendemos la legalidad, la libertad, la institucionalidad y la democracia. Y si uno defiende esos postulados fundamentales, no puede bajo ninguna circunstancia permitir la apología al terrorismo. Así que, señora ministra, proceda de conformidad cómo corresponde. Para eso nos eligió el pueblo colombiano.

[aplausos][ovación]

Con este punto cierro, queridos amigos y compatriotas, la recuperación del orgullo por la cultura colombiana. La cultura colombiana es el resultado de siglos de historia, de encuentros entre la herencia ibérica, indígena y africana, que contribuyeron definitivamente en la formación de la identidad cultural de nuestra nación. Esa historia común es uno de los mayores tesoros de nuestro país y hay que protegerlo. Vamos a hacer que nuestro pueblo, que nuestra gente, que nuestros funcionarios, que todos los colombianos como nunca antes se vuelvan a sentir orgullosos de nuestra cultura.

Y este punto que me resulta importante, sobre todo estando en este maravilloso claustro, en este maravilloso escenario, se los voy a pedir de vez en cuando está más bonito que todo lo de Casa de Nariño.

Así que aquí me tendrán muy seguido, señora ministra. La protección del patrimonio religioso. La protección del patrimonio religioso no debe ser vista como un asunto confesional, sino como parte de la memoria nacional. Las iglesias, conventos, el arte sacro, los archivos eclesiásticos, la música religiosa y las manifestaciones de religiosidad, como las procesiones, por ejemplo, son parte fundamental de la cultura colombiana. Son bienes históricos, artísticos, sin los que es imposible comprender la historia del país, razón por la que deben ser conservados con especial atención y celo. Señoras ministras y todos funcionarios, cierro con esto. Yo no vine a hacer la política de siempre, vine a cambiar la política para siempre. Este debe ser un ministerio enfocado en su labor misional. No acepto ni politiquería ni que aquí esto se convierta en un foco de favores o que haya el más mínimo atisbo de corrupción, porque procederé de conformidad como corresponde. Ustedes saben que a mí no me tiembla la mano. Yo vine a cambiar la política para siempre y les pido a todos que estén sintonizados con eso. Aquí empieza la contrarrevolución cultural que necesita Colombia para que retornemos a esos valores y principios fundacionales que identifican el alma de nuestra nación.

El trabajo que ustedes hacen aquí es fundamental y determinante y estoy seguro que con la ayuda de Dios entre todos vamos a construir esa patria milagro que se merecen nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Hoy más que nunca estoy firme por la cultura, firme por la patria. Que viva Cristo Rey. Que Dios los bendiga a todos y que bendiga a sus familias. Gracias.

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